Suele suceder, bastante seguido, que entra una señora móvil en mano y pide:
–Un dodecaedro de astrofilita chamánico con talla inversa.
–¿Picado fino o picado grueso?
–Ay! no sé, no lo pone (y busca en la pantalla) es que yo en esto de las piedras no creo nada. Soy Sagitario, con ascendente en Tauro, descendente en Géminis y la horizontal en Aries y me dijeron que es para la buena suerte. Pero yo no creo en toda esta brujería de las energías y que las piedras tengan poderes. ¿Tú qué dices?
–Pues va a ser que sí: Las esmeraldas más oscuras y sin vetas tienen el poder del perdón, te lo ponen en el dedo izquierdo y lo perdonas todo; el zafiro azul real, de a pares, uno en cada oreja, trabajan la autoestima; los rubíes, en cantidad suficiente, te aseguran el futuro; y los diamantes de cinco kilates pa´rriba te dan una paz mental que no veas. Eso en piedra fina, yendo a lo más económico, un golpe de frente con una buena piedra caliza te cura desde los delirios de grandeza hasta el insomnio.
A ver, mi arrrma, usas todo el día piedras y metales como transmisores de algún tipo de energía: tu reloj de cuarzo, la losa radiante de tu casa, el carbón para la torrá, tu depiladora alejandrita, toda tu tecnología… Tu móvil tiene más de 200 minerales. Si esos minerales interactúan con plásticos y metales para que puedas confirmar en un rato lo que te estoy diciendo, no sería tan extraño que puedan interactuar con tu cuerpo; al fin y al cabo, eres agua, hierro… ah! y más minerales, sujetos por un impulso eléctrico.
La ciencia y la magia están ahí, hablando de lo mismo con diferentes palabras. Si hace doscientos años decías que veías y oías a la gente del otro lado del mundo, te hubiesen quemado por bruja. Hoy sabemos un poco más sobre las energías, y a las brujas ya no se nos quema, se nos pone a atender al público.
